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Zorra

Zorra

Como sustantivo, además de la primera acepción del diccionario que lo define como: mamífero de menos de un metro de longitud…, contiene un prisma de luces peyorativas que, ni aún brillando en lo más alto de las capas de la sociedad, es capaz de simular la bondadosa luz que desprenden otros sustantivos como: Casta, Pudorosa o Recatada, ¿verdad? Bendito aburrimiento.

Desde fuera, (habitantes votantes de otros países, quiero decir), la ignorancia llevará a más de uno a pensar que nos va la marcha y el masoquismo con la misma alegría que servimos una paella valenciana, mostramos con salero el floreo de una sevillana o entrelazamos sentimientos al compás de una sardana.

Habrá también (entre los de fuera, continúo refiriéndome), quien en el punto culmen de la intelectualidad comprensiva, valore la confianza que requiere el ser capaz de reírse de uno mismo sin poner en riesgo el aplomo de un ego de orgullo y entereza, ¿verdad?. Haz el humor y no la guerra, deberían aplicarse unos cuantos a imagen y semejanza nuestra.

Así que de entrada, menos guasa pa los de fuera,  y más vean, reflexionen e imítennos si tienen la valentía y el coraje de hacerlo.

Pero hay más. Mucho más

Personalmente, reconozco que la primera vez que escuché la canción en el Festival de Benidorm, me sorprendió. A primera vista me gustó el ritmo, la puesta en escena y especialmente un concepto que desarrollo de inmediato: el edadismo revolucionario de su intérprete. Bravo por ella.

Respecto a la letra, quizá no la firmaría, pero para nada aborrecería de ella. Cuando la lees de cabo a rabo entiendes la fuerza del mensaje que surge de la unión de sus palabras sin centrarse exclusivamente en la más importante de ellas. Pero voy a lo que más valoré y valoró; lo que más me convenció de la apuesta de Nebulossa: la sutileza y elegancia con la que unos miembros del club de edadistas, como el que os escribe, se mostraron orgulloso de serlo. ¡Bravo por Mery Bass y Mark Dasousa!

Llegados a este punto, y por si alguien no recuerda el concepto de edadismo, tiro del RAE ( Real Academia Española de la Lengua) que lo define como: Discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas.

El subliminal y acertado mensaje

Los que me conocéis personalmente en mi faceta anterior a escritor, sabéis que he consumido largas horas en el mundo de la empresa, y allí, danzando entre desalmadas hachas voladoras, siempre sostuve el criterio (de inspiración asiática) que conlleva la dirección en tándem de un junior con un senior, en el seno de cualquier organización empresarial. Y así lo llevé a cabo tanto como pude y fui capaz de hacerlo.

Juntar la energía desbordante, la lluvia incesante de ideas, o el voy a comerme el mundo, de la juventud, con la templanza, la pausa y la reflexión que aporta la experiencia, fue para mi uno de las mejores estrategias en aras a conseguir éxito en cualquier organigrama empresarial.

Es por eso que al acabar de escuchar por primera vez la canción, me fije más en el mensaje oculto del escenario, que incluso en la letra misma que lo muestra sin la menor duda. Por eso para mi: Zorra, suma, y mucho. Suma tanto que siempre he pensado que además de cantar bien, y de la espectacular puesta en escena de luces y efectos que canción tras canción adornan las mismas, para aspirar a ganar en Eurovisión has de aportar algo más. Algo, llámale mensaje subliminal o como tú prefieras, que debe estar escondido entre estrofas musicales o mostrado sutilmente sin alardear de su presencia.

¿Os acordáis de la barba de Conchita Wurst, o del numantino esfuerzo que tuvo que hacer Salvador Sobral para salir a actuar a pesar de su delicada salud, o ya puestos, de nuestra emblemática Luciana ( la colorida y diminuta guitarra que acompaño a un Chikilicuatre)? Pues a eso me refiero. Diferenciarse para dotarse de identidad propia, como dirían los de marketing de cualquier empresa.

Y el mensaje que hoy lanzamos con Zorra, para mí es todo un éxito. La letra explica una autosuperación personal a base de ir saltando una tras otra las zorras vallas que van apareciendo a lo largo de la vida. La puesta en escena es elegante, rítmica pero sin sobreactuación. La voz de Mery es sensual, de meloso timbre y color cincuentero. Los bailarines, un acierto. Y el mensaje subliminal, para mí acertada diana, no es otro que un: oda al edadismo.

Así que, importándome un pimiento ( iba a escribir una mierda, pero no me atrevo) el lugar final que obtengamos, será todo un éxito si se convierte en la semilla del cambio de mentalidad, bastante arraigado en sede empresarial por desgracia, que nuestra sociedad precisa. A los cincuenta ( y me contengo de escribir los cuarenta), las personas continúan siendo de una enorme valúa en el mercado laboral, al poder aportar ilusión, aplomo y experiencia.

Por todo ello: ¡bravo Zorra!

Y para acabar os propongo el título de la canción del año que viene: Cabrón. Tranquilos, alimentado con una letra apropiada, sería un excelente mensaje para lanzar más allá de nuestras fronteras.

Pero hasta entonces, me despido de vosotros, confesándoos que:

Estoy en un buen momento
Solo era cuestión de tiempo
Voy a salir a la calle a gritar lo que siento
A los cuatro vientos

www.javiercorrea.com

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