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Sofistas vs Filósofos

Nos adentramos en un camino interesante, Y por interesante entiendo algo que tanto puede llevarnos hacia un futuro esplendoroso y en parte desconocido, como arrastrarnos al baúl de vivencias pretéritas tildadas de abominables, en el mejor de los casos.

Habrá quien considere que el contexto geopolítico y económico actual es gracias a, o por culpa de, todos aquellos que son esclavos de las redes; o invierten en criptomonedas como meros especuladores y sin aportar nada tangible a la economía; o están deseando celebrar aún más el día de Acción de Gracias en el S.II d D.Trump: o usan ChapGpt para preguntarle que combinación de ropa le conviene más para un día de radiante sol; o se alegran de poder seguir colgando sus bailes en Tik Tok, además de escribir en redes todo lo que le apetezca esté o no en consonancia con esa «virtud» caída en desgracia llamada veracidad.

Habrá quien considere el contexto de la época actual como una demostración palpable del exceso de tecnología, de la esclavitud en pro de un entretenimiento permanente y efímero de usar y tirar que nos lleva a pasar de un vídeo donde un perro adivina la bolita de un trilero a uno en el que un hombre tropieza y cae a una piscina intentando disimular las horas de ensayo previas que le ha requerido la filmación de tal obra del séptimo arte.

La cuestión es, que para bien o para mal ahí estamos todos. Y estamos ahí seguramente , a mi entender, por haber enterrado ciertos hábitos como la perdida de exigencia en la formación; el espíritu crítico que lleva a alimentar nuestro discurso de diferentes y contrastadas fuentes; la ambición de dotarse de una formación que nos evite aceptar gato por liebre; la pérdida de referentes morales en el podium del liderazgo mundial; o el dejar de aprender de los consejos de nuestros mayores advirtiéndonos de la predisposisición de sus errores a iluminar nuestro presente.

Y a ese caldo de cultivo presente, añadámosle la incipiente generación de oligarcas tecnológicos, ya amos del mundo, y también y como no, de la nueva era de la inteligencia artificial amenazando con catalogarnos con el grado de inteligencia que merece una sociedad predispuesta a la sonrisa falsa y a la adoración de vídeos absurdos.

Y sí, y aún por suerte, siempre nos quedará el consumo, parisino o no. Ya no seremos nunca más guerreros porque lo harán unos cyborgs  despiadados y desalmados; ni campesinos porque cultivaran la tierra los robots cultivando pastillitas supervitaminadas hipercarbohidratadas  y megaproteínicas; ni conductores porque lo hará un minichip por nosotros; ni profesores porque no interesa que el rebaño aprenda sino que obedezca a ciegas; ni  intelectuales o libre pensadores porque para eso ya está la inteligencia artificial dictándonos lo que más nos conviene pensar, decir y sentir.

Solo nos queda el poder de seguir siendo consumidores impulsivos, por los siglos de los siglos, y si para ello la renta universal ha de convertirse en universal y generosa, pues adelante, no vaya a ser que la incipiente oligarquía tecnológica se frustre al no poder vendernos sus juguetes.

En fin, fui partidario del voto universal, y ahora, sinceramente, empiezo a pensar que para ejercer tal sagrado derecho debería exigirse unos conocimientos mínimos de las áreas propias que envuelven la humanidad de la que formamos parte. Formación, que ni debe ni tiene que tener únicamente raíces universitarias, sino de mera inquietud por alimentar el propio conocimiento.

Y explico el porqué de la elección del título de esta nueva entrada. En la antigua Grecia, los sofistas, excelentes oradores por antonomasia, se ganaban la vida mediante el engaño, mientras que los filósofos eran amantes de la sabiduría que buscaba la verdad.

Como profesor de alumnos mayorcitos intento trasladar este discurso a sus jóvenes cerebros, esperando que arraigue aunque sea en un cantón del mismo dispuesto a hacerles ver algún día con ojos propios la imagen que yo hoy veo. Y he de decir que confio en ellos, en esta nueva generación que aún mira el timón del mundo a cierta distancia.

Y termino, ¿podría alguien decirme quien va a ser el candidato demócrata que plante cara a Elon Musk de aquí unos cuantos meses? Lo pregunto para saber si empiezo a hacer la maleta con destino a una nueva galaxia donde la verdad no moleste, la información no manipule, ni el egoismo de pocos se imponga a la necesidad de muchos.

Y tú, ¿qué piensas?

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