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En busca de la estabilidad inestable

Pienso que…la capacidad de adaptación del ser humano está mucho más allá del contexto o las circunstancias que pueden envolverlo en un tiempo, lugar e ideología determinados. Por suerte.

El año que, más que acabar, huye, nos ha dejado variopintos conflictos sedientos de copar las principales portadas de los Mass media: Chile, Cataluña, Siria, Argentina, Francia, Hong Kong,…Sin olvidarme de un laberinto llamado Brexit, de un grito desgarrado llamado cambio climático o de los inagotables brotes africanos que llevan a tantas personas a arriesgar sus vidas en busca de una duda (no vida) mejor.

Y qué decir de las fronteras de silencio, ¿verdad?. Sí, esas tierras donde las libertades pasean luciendo sus dagas y los derechos se esconden tras vaporosos parlamentos.

Muchos, demasiados, excesivos conflictos mundiales, si lo analizamos en términos de desarrollo darwiniano. Pero ahí están, algunos pasajeros, y otros, lamentablemente enquistados como el de Oriente Medio, o con miras a convertirse en, como muestran los mimbres de los conflictos chino y catalán.

Y frente a todo este barullo emocional de intereses contrapuestos y banderas ideológicas, la economía se tambalea para algunos y se afianza para otros. Sí, es cierto que el mundo está conectado a nivel económico. Es cierto que la macroeconomia del siglo XXI es global, planetaria, universal y galáctica.

De hecho, mientras haya lugares que ofrezcan una mayor estabilidad  económica que otros, unas fronteras se llevaran el gato al agua mientras las otras, quizá demasiado centradas en el herpe de su ombligo, no se den ni cuenta de que les han pasado de largo. A corto plazo, claro.

¿Y ante un panorama convulso, dónde aparcamos la felicidad propia, la del prójimo y la de ambos? Desde mi punto de vista en dos de los pilares básicos, que ha permitido a la humanidad atravesar mares de arenas movedizas: la capacidad de adaptación del ser humano y su control emocional.

Y añadiré un tercero, solo para los más valientes: la equidistancia. Aquel punto reservado a las personas capaces de obligarse a apartar la vista de la brújula que ilumina, a veces ciega, su norte, para contemplar desde ahí los puntos cardinales de los que les rodean.

¿Y tú, que piensas?

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